Había esperado que la situación fuese otra, pero no se pudo. Él ya se había impregnado en mi, era parecida a esa colonia que duraba semanas en mi polera. Nosotros llevábamos un aspecto perfecto hasta que salió a relucirse las peores cosas de cada uno, por su lado era él que mantenía una relación en el balcón con su más amado porro.
Pero eso no me enfadaba, total ya había tenido alguien antes de él que fumaba felicidad a pesar que decía que yo lo era. Nuestra relación era liberal, así habíamos pactado, y lastimosamente después de meses había echo caso omiso a ese asterisco con letras pequeñas que lleva al final del contrato. Había olvidado que podía estar con alguien más y yo no refutar. Maldita sea! de que podría quejarme. Aquí van los problemas, decir que quiero que solo tenga ojos para mi fue como incitar una guerra porque a sabiendas estaba demás confesarle una cosa de esas. Su reacción me hirió, dijo que me quería como a nadie, pero no daba posibles señales para quitarnos el aspecto de relación liberal. Pase de puntillas ante su cobardía, y cuando notó que me iba, dijo entre dientes: te quiero, pero mereces a alguien mejor. Enseguida se dio vuelta y su espalda me decía adiós.
Creí que mi salida de puntillas había dado por terminado nuestra clausula, pero no; necesitaba que alguien esté diciendo lo mucho que vale, y decidió reventarme el celular con llamadas y mensajes a las que decidí no atender por razones obvias.
No se pudo quedar tranquilo y tuvo que hacer una maña para que me tuviese de nuevo, cara a cara. Cuando lo tuve en frente solo deseaba que la tierra me tragase, me di media vuelta y su mano ya se encontraba apretando la mía y jalándome por toda esa avenida. No sé como pero ya nos encontramos en ese parque que suele estar silencioso. Tuviste tribuna abierta para decirme muchas cosas que no dijiste en su momento, y a medida que hablaba, algo extraño comenzó a sucederme. Estaba más desencantada de él, y cuando terminó de hablar, solo pudo escuchar de mí: Tu, eres el ultimo humo de mi cigarro.
Me fui.
Cada paso que dí, era como quitarme las cuerdas con las que estaba atada. El encanto se había perdido, mis sentimientos se fueron en quiebra. Ya no había nada para él.
Dos años.
Ya ha pasado mucho tiempo desde ese último momento en la que nos vimos la cara. No sé como ha podido ubicarme, pero su mensaje me ha inquietado.
Aún me quiere.
Estoy desesperada.