Hace aproximadamente 60 días,
Viaje con una maleta que apenas pesaba 14kg, llevaba más recuerdos que ropa, más lágrimas que entusiasmo, más dolor que dinero. Fui vestida con un jeans gastado, unos botines caramelo, unas tiras negra, un abrigo verde con capucha y una cartera con la agenda que se la daría 40 días antes.
Apenas pise tierra, sentí que el clima estaba igual de triste que yo, la fuerte mirada de Xavier era una estaca clavada en mi alma, la sonrisa gastada de Domenica no me ayudaba. Y bueno, en realidad la gente tratando de darse calor y soplándose las manos para que así dejasen de estar frías, la capital oscura, el viento ruidoso, casi todo eso no servía para mi.
Llegué a casa, la cama estaba helada; traté de deshacer la maleta pero llorar era primordial.
Amanecí, y no había nadie; olvidé que mis tíos tienen una vida. De todas formas, hubiese sido aburrido verme todo el día desganada. Me bañé, y no usé la terma, no era necesario. Mamá solía decir: Un duchazo con agua fría y se te va la flojera. Suponía que emplear eso para malestares del corazón, me aliviaría un poco. No fue con totalidad el efecto pero si hizo que cogiera una micro y vaya por ahí. Quise echarme más de ganas y contactarme con amigos que estaban por allá, era una buena idea, se hizo lo que se pudo. Bebí más cuando fui a la casa de una amiga de Xavier que estando con amigos muy buena onda. Lo sentí, era y fue un mal momento, no estaba en plan de querer escuchar la historia de nadie y quería seguir encerrada en mi mundo sin él, sin vida.
Conocí a unos jóvenes de allá, menores por tres años a cuatro. Sin duda pensábamos y hablamos de cosas diferentes, me sentí una anciana diciendo una que otra cosa a sus nietos. Pero de repente alguien te observa y aunque su físico te hace notar que estas un poco pasada de edad, trata de entender lo que ve y cuando se le da la curiosidad de saber un poco más de lo que cree saber, le dices que es aburrido y no es el momento. Es ahí donde surge una primera cita, y bueno te haces la difícil porque no sabes por donde empezar, como le cuentas a alguien que no tiene idea de quien es quien en tu circulo, y que ni siquiera podrías presentarlo. Como entablas una conversación agradable cuando la primera cita se trata de eso. No sabes si quería tener una cita solo porque le pareciste guapa y que eso de ponerse tan interesado en saber lo que te sucede solo fue cuento. Bueno pues, fueron ideas que se propagaron a medida que armaba la vestimenta, que en definitiva, una polera y esos jeans viejos era lo mejor.
*No fue en la primera que hablamos de ti, ya sabes, me presento y despliego todo lo necesario para ver si existe la posibilidad de una segunda. La tercera, ahí fue, dos paraderos antes de la paralela Rosa Esther, con la publicidad pintarrajeada y el asiento con casi nada de polvo. El paradero dos, en ese lugar, fueron los últimos suspiros, la mea culpa, el porque, el te quiero, el te odio, se acabo lo de nosotros ese día. También recuerdo haberte pedido desde el fondo de aquí, del único lugar donde hubo espacio suficiente para ti, un deseo, como cuando te dicen de pequeño que si algo quieres solo debes pedirlo desde el fondo de tu corazoncillo. Eh que cursi! para otros algo desubicada, pero bah! quien mejor que nosotros para jodernos la vida como lo hicimos, de irnos sin avisar. Que paradójico, tu diciendo por la avenida esa, llena de luces "Quizás de nuevo desaparezcas, bahhhhhh es así desde que te conozco, nos vemos, nos extrañamos, tu y yo ya sabemos como es esto y como funciona, pero ya no demores en llegar". Perdón, acabo de soltar un par de lagrimas más, así que en el paradero no es la última. Nos vemos en sueños, hasta luego...*
Y Mathias, solo somos amigos. Mantenemos contacto en lo que se puede, existe la idea de que coincidamos en nuestras vacaciones, creo que me ha de contar una historia.
Te echo de menos Gato.
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