miércoles, 8 de agosto de 2012


Llegas cuando quieres y te vas de la misma forma aunque teniendo algo en cuenta de que estoy muriendo por ti. Siempre tienes privilegios para tu persona; y siempre soy la segundona.
Coges el móvil y me marcas cuando sientes un hueco en el lado izquierdo de tu cama o cuando tu habitación me aclama, después de todo tu habitación se ha acostumbrado a que la mantenga con una apariencia ordenada aunque algunas noches tú y yo hemos sido tornado.
Tu balcón necesita mis cigarros encendidos a medio acabar y el polvo que hay en él, la huella de mi pie. Tu ropa quiere que la doble perfectamente, tu zapatero ruega que junte cada zapatilla con su par. Y el ambiente de tu espacio exige mi aroma.
Y tú deseas cada centímetro de mí.

Es demasiado tarde para seguir aquí pero tus manos sujetan mis brazos, y tu boca implora que no te deje, tus ojos me piden compasión, tu corazón se acelera y me pide perdón y vuelve mi rencor y mi orgullo, manteniendo una posición de indiferencia. Y acabamos como siempre, olvidados por un largo tiempo y recordados cada que me llamas y cada que te busco. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Como si no lo supieras.

Echaré ganas en hacer la vista gorda y dejar que llegues al día siguiente, quiero que te enteres que ahorraré sermones porque probablemente ...