Llegas cuando quieres y te vas de la misma forma aunque
teniendo algo en cuenta de que estoy muriendo por ti. Siempre tienes
privilegios para tu persona; y siempre soy la segundona.
Coges el móvil y me marcas cuando sientes un hueco en el
lado izquierdo de tu cama o cuando tu habitación me aclama, después de todo tu
habitación se ha acostumbrado a que la mantenga con una apariencia ordenada
aunque algunas noches tú y yo hemos sido tornado.
Tu balcón necesita mis cigarros encendidos a medio acabar y
el polvo que hay en él, la huella de mi pie. Tu ropa quiere que la doble
perfectamente, tu zapatero ruega que junte cada zapatilla con su par. Y el
ambiente de tu espacio exige mi aroma.
Y tú deseas cada centímetro de mí.
Es demasiado tarde para seguir aquí pero tus manos sujetan
mis brazos, y tu boca implora que no te deje, tus ojos me piden compasión, tu
corazón se acelera y me pide perdón y vuelve mi rencor y mi orgullo,
manteniendo una posición de indiferencia. Y acabamos como siempre, olvidados
por un largo tiempo y recordados cada que me llamas y cada que te busco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario